Abriendo la educación: los Cursos Abiertos y los MOOCs

por Werner Westermann, Institute for Open Leadership Fellow - Open Policy Network

||Autor Fotografía: Mathieu Plourde

Cuando el presidente del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), Charles M. Vest, anuncia públicamente en el año 2001 que creará una iniciativa que daría acceso libre y gratuito a los materiales y recursos de todos sus cursos oficiales, todos nos preguntábamos, ¿por qué lo hacen?, ¿qué puede ganar una de las universidades más importantes del mundo regalando guías de estudio, simulaciones, evaluaciones, etc.?, ¿se opondrán los estudiantes que deben cancelar una matrícula de US$ 26,000 (de aquel entonces) pudiendo acceder de manera gratuita a los materiales de sus cursos?  “De ninguna manera”, afirmaba el Sr. Vest, “nuestro [MIT] valor central es la gente y la experiencia humana de la facultad que trabaja con los estudiantes en las aulas y laboratorios, y los estudiantes que aprenden el uno del otro, y el tipo de ambiente que creamos intensiva en nuestra universidad residencial... No creo que estamos regalando el valor directo que le damos a nuestros estudiantes, pero creo que vamos a ayudar a las instituciones de todo el mundo”. Vest afirmaba que abrir sus cursos era una actitud natural, donde el compartir era un elemento esencial para generar contextos de aprendizaje e innovación en la prestigiosa MIT, algo que se remontaba a los años 50.

Los Cursos Abiertos del MIT (MIT OpenCourseWare), que este año celebra sus 15 años de vida, se ha transformado en un modelo para compartir abiertamente en la educación superior que repercutido en mas de 125 millones de personas de casi todos lo países del planeta. Al inicio del año lectivo en 2004, el MIT había liberado en línea los recursos de 900 cursos. El principal desafío en implementarlo no ha sido la resistencia docente, sino los obstáculos logísticos encontrados al determinar la posesión y obtener permisos para la cantidad masiva de elementos de propiedad intelectual que están incluidos en los materiales de cursos de la facultad del MIT. Por cierto, esto se resolvió licenciando públicamente los materiales con una licencia abierta Creative Commons de Atribución (CC-BY).

La fiebre de otras instituciones a sumarse a esta iniciativa generó el OpenCourseWare Consortium en el año 2005, que buscaba extender el alcance e impacto de los materiales de los cursos abiertos, y desarrollar modelos sostenibles para su publicación. Su alcance global y con la visión extendida de abordar más allá de los recursos educativos, dió luz al Open Education Consortium en 2011, consorcio de instituciones y sistemas de educación superior con más 270 miembros provenientes de los 5 continentes que hoy aportan más de 2.400 cursos abiertos.

La disponibilidad de cursos abiertos propició la generación de nuevas modalidades de educación a distancia que derivaron en los MOOCs (Massive Open Online Courses), cursos en línea dirigidos a un amplio número de participantes a través de Internet según el principio de educación abierta y masiva catapultada por los avances del aprendizaje social e informal en Internet (Open Social Learning). Los MOOCs, concepto acuñado por investigadores canadienses con amplia experiencia en educación a distancia, quienes realizaron experiencias masivas de hasta 2.200 estudiantes en un curso, invitando desde sus inicios a un tipo de experiencia educativa informal y adaptada al ritmo personalizada del estudiante.

Desde 2012, en que se declaró el “Año de los MOOCs”, se han transformado en una de las tendencias populares de extender oportunidades educativas a los países, a través de iniciativas globales de educación a distancia como COURSERA (consorcio de 145 instituciones en 28 países), UDACITY y edX fundadas en Estados Unidos. La culpa la tuvo el asombroso éxito del curso de “Introducción a la Inteligencia Artificial” al congregar 160.000 personas repartidas por todo el mundo. El curso fue creado por dos docentes de la Universidad Stanford. Uno de ellos, Sebastian Thurn, meses después fundaría UDACITY. Dichos emprendimientos han catapultado iniciativas en el resto del mundo: Eliademy en Finlandia, openHPI en Alemania, OpenClassrooms en Francia, OpenLearning y Open2Study en Australia, Future Learn en Inglaterra, entre otros. Todos son consorcios de instituciones buscando subirse al carro de los MOOCs, que no consideran las iniciativas individuales de instituciones brindando estos cursos masivos en línea. 

Es que los MOOCs hoy es una de las estrategias inequívocas para extender las oportunidades educativas en la población, encarnando expectativas de poder hacer transitar los países a sistemas de educación permanente atendiendo una creciente demanda pero descomprimiendo los sistemas nacionales de educación formal. No existe hoy consenso sobre qué es y cómo debe desplegarse un MOOC, su definición es muy reciente y todavía persisten dudas sobre su significado concreto. El concepto es tan amplio y ambiguo que incluso hay discusiones sobre si los MOOC son realmente un curso o son una especie de texto docente mejorado, abriendo un debate en torno a la calidad de experiencia de aprendizaje.

Además, en los últimos años, la aparición de un gran número de cursos que se alejan de la definición tradicional de MOOC ha hecho que la definición original se tenga que replantear. La mayor tensión existe en torno a la de O de Open (apertura) en los MOOCs, donde inicialmente, "abierto" significaba que el curso hacía un uso intensivo de "contenidos abiertos" (open content) y los contenidos propios que generaba el curso también se debían publicar en abierto (open license) para que pudieran ser reutilizados por otras personas. Esta interpretación de "abierto" es la que menos se cumple en la actualidad, ya que los cursos MOOC de más éxito están alojados en plataformas creadas por empresas, como COURSERA o UDACITY, que no tienen mucho interés en compartir sus cursos de forma abierta.

Además, el concepto de “abierto” en este sentido no sólo debe ser una declaración de intenciones, sino que el material producido y ofertado bajo esta fórmula debe estar técnicamente accesible y disponible, en formatos reutilizables y, si es posible, adaptables. De otra manera, el carácter abierto se vería impedido por las restricciones tecnológicas que obstaculizarían su reutilización. También se suele interpretar "abierto" como que no se hace uso de una plataforma de aprendizaje cerrada, sino que los contenidos del curso están repartidos por Internet en diferentes lugares como páginas web, blogs, wikis o repositorios multimedia. Esto facilita su acceso y reutilización por futuros usuarios. Asimismo, "abierta" puede ser la tecnología o plataforma tecnológica sobre la que se desarrolla el curso. Si esta plataforma está disponible bajo fórmulas de código abierto (open source), su adaptación, mediante la reescritura de su código, a las necesidades de los organizadores del MOOC es posible, llevando mucho más lejos el valor experimental actual de los MOOC.

Chile ha sido un país que recién comienza a reconocer a los MOOCs dentro de las estrategias de educación a distancia o e-learning. A través del consorcio español Universia en el año 2011, algunas universidades chilenas desarrollaron y liberaron algunos cursos al MIT Courseware sin mayor proyección, a excepción de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso quien hoy cuenta con una treintena de cursos accesibles en línea. 

La experiencias recientes de MOOCs en Chile también denotan la tensión en su apertura. UAbierta, proyecto nacido en la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile y relacionado a edX, ha lanzado exitosamente cursos masivos en línea desde fines de 2015 con más de 10.000 estudiantes escritos. Aunque declara ofrecer “cursos abiertos en temas de interés social, aportando así al fortalecimiento de la educación pública y de calidad para todas y todos”, los cursos no tienen un licenciamiento público explícito y además exigen en sus términos de uso que el aprendiz “no adquiere ningún derecho de propiedad respecto cualquier contenido protegido”.

Quizás el caso más pradigmático es UAIOpen, lanzado en Marzo de esta año 2016 por la Universidad Adolfo Ibáñez y su Escuela de Negocios, liderado por el académico Patricio del Sol y ha demostrado experiencia exitosa en MOOCs en Estados Unidos en NovoEd, otro emprendimiento MOOC comercial de Stanford. Una treintena de cursos de seis semanas, donde tres componen un Diplomado con una modalidad mixta de aprendizaje online en equipo, intensas clases en vivo e inspiradores viajes de estudio a Estados Unidos por un valor de USD$ 3.800 mas los costos del viaje, remarcando su carácter comercial. Esto sin duda cabría definir a UAIOpen como “Openwashing”, concepto que cuestiona del verdadero valor y compromiso de una organización y sus productos, servicios y políticas con la apertura y transparencia (se desprende de “Greenwashing” en relación a la ecología ambiental).

En un contexto de discusión nacional en torno al futuro de la educación superior en nuestro país, veremos si los MOOCs cumplirán un rol como estrategia en la construcción de un sistema que busca asegurar equidad de acceso y calidad de servicio, aunque no hay indicios de ello todavía. Y de ser así, cuán abierta será la estrategia MOOC a implementar.